Intolerancia

Intolerancia

Intolerancia procede de la unión de dos vocablos latinos: el prefijo de negación “in” y “tolerare” en el sentido de soportar, por lo tanto la intolerancia es la falta de la capacidad de soportar ciertas situaciones, ideas, acciones, objetos, etcétera.

Porque no es un enemigo el que me reprocha, si así fuera, podría soportarlo; ni es uno que me odia el que se ha alzado contra mí, si así fuera, podría ocultarme de él. Salmos 55:12.

Una persona intolerante es demasiado estricta, y se altera frente a cualquier situación que no se corresponda con sus valoraciones. Sus reacciones pueden oscilar desde un mero rechazo, hasta tomar formas de violencia verbal o físicas de diferente gravedad.

Un día, un niño entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.

Su padre, lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada: – Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo.

Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo! Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo: – Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso: – ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo.

Después yo regreso para ver como quedó. El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa. Cuando, el padre regresó y le preguntó: – Hijo ¿Qué tal te sientes? – Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

– Ven conmigo quiero mostrarte algo. Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto!    Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos.

En ese momento el padre dijo: – Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros.

Tiempo de Pensar. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.

Palabras de Jesucristo. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?

¿O cómo puedes decir a tu hermano: «Déjame sacarte la mota del ojo», cuando la viga está en tu ojo?

¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano. Mateo 7:3-5.

Reflexión. Cuando juzgamos y señalamos a otros por lo defectos o apariencias, debemos miramos primeramente a nosotros mismos, para poder ser tolerantes y poder ver más la cualidades, que sobre pasan a las debilidades.

Oración. Señor ayúdame a poder tener la capacidad de mirarme a mi mismo, antes de ver a los demás, ayudame a ser equilibrado en mis observaciones, para poder definir entre lo bueno y lo malo, lo justo con lo injusto. Amén.

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