Mi silencio.

Sabemos que hay un tiempo para hablar y otro tiempo para estar callados.

Pero, cuando guardamos silencio por mucho tiempo, empezamos a cargar raíces que van creciendo en nuestro interior, ellas van ahogando nuestra vida, ya que se convierten en un enemigo para nuestra alma.

A ti clamo, oh Señor; roca mía, no seas sordo para conmigo, no sea que si guardas silencio hacia mí, venga a ser semejante a los que descienden a la fosa. (Salmos 28:1).

La actitud del silencio no arregla nuestros problemas, solo nos encierra en nuestra mente he imagina, dejándonos una soledad interna.

Tanto silencio, rompe con la armonía, deteriora el amor, se lleva consigo lo más preciado de una amistad, y deja una esfera de angustia y soledad.

Mi silencio, cual una esfera en expansión se extiende por doquier.

Mi silencio se propaga cual una melodía de la radio: hacia arriba y hacia abajo,

a la izquierda y a la derecha, interior y exteriormente.

Mi silencio se esparce como una hoguera de bienaventuranza; en él se queman los matorrales de las tristezas y los altos robles del orgullo.

Mi silencio, como el éter, todo lo atraviesa, llevando consigo las canciones de la tierra, de los átomos y de las estrellas, a las estancias de la infinita mansión del Espíritu.

Reflexión. La imaginación en silencio, conlleva a salirnos en muchas ocaciones de nuestra realidad, de ahí la necesidad de hablar para poder aclarar y poder sanar nuestro interior.

Palabras de Jesucristo. Entonces les dijo: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio.

Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana. (Marcos 3:4-5).

Tiempo de Pensar. No deje que el silencio ahogue la llama de amor, dejando un espacio al vacío de tu interior.

Oración. Señor permiteme hablar, para poder aclarar las cosas, siendo receptivo y llevando una buena comunicación con los demás. Pero no permitas que el silencio entre a mi alma apagando la llama de amor y la verdad. Amén

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