Los Deseos Ajenos

La sociedad, la familia, las comunidades… presentan normas y principios de convivencia atendiendo al “bien común”, mientras que cada uno de nosotros tiende a buscar la manera de satisfacer sus propias necesidades y deseos.

En ocasiones, ambos polos coinciden y encontramos entonces el equilibrio y la satisfacción. Pero, a veces, los intereses y las normas sociales chocan con nuestras propias necesidades y deseos.

Pero, si nuestro deseo choca con los principios que hemos interiorizado durante nuestra infancia, surgirá un malestar.

Es cierto que nos sentiremos infelices, ya que, cada vez que no obtenemos lo que deseamos, experimentamos frustración, pues es el sentimiento que nos indica que hemos renunciado a algo y que necesitamos poner nuestras estrategias al servicio de la renuncia.

Pero si no tenemos actualizado nuestro código interno –nuestros introyectos– nos resultará realmente difícil tener claro cuál es la decisión que queremos tomar.

Había una vez un perro, que estaba cruzando un lago. Al hacerlo, llevaba una presa bastante grande en su boca. Mientras lo cruzaba, se vio a si mismo en el reflejo del agua. Creyendo que era otro perro y viendo el enorme trozo de carne que llevaba, se lanzó a arrebatársela.

Decepcionado quedó cuando, por buscar quitarle la presa al reflejo, perdió la que el ya tenía. Y peor aún, no pudo obtener la que deseaba.

Reflexio: No hay que desear lo de los demás y debemos ser felices con lo que somos y con lo que tenemos, ya que como dice el dicho “la avaricia rompe el saco”. Tenemos que conformarnos con lo que tenemos, y no pedir o exigir más a nuestros padres, sino queremos que nos pase lo que al perro.

Palabras de Jesucristo. Pero las preocupaciones del mundo, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estéril. (Marcos 4:19).

Tiempo de Pensar.El apasionamiento y la conciencia clara de qué es lo que queremos marca la diferencia entre necesidad y deseo.

Oración. Señor, concedeme los deseo conforme a tu voluntad y principios. No me dejes llevar mi vida por el engaño de mi mismo, guardandome de codiciar lo de los demás. Amén

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