Construir en nuestra vida

Construir en nuestra vida

La construcción forma parte de un vivir a diario. Es poder edificar buenas relaciones con el prójimo, es construir una familia con valores. Saber poner unos buenos cimientos en nuestra vida, llenos de amor, fe y esperanza.

Todos los días nos levantamos dispuestos a poner un grano de arena a nuestro futuro, que aún es incierto, pero trabajamos por el continuamente.

Construimos bases de felicidad o tristeza dependiendo del estado de ánimo en que nos encontremos.

Nuestra mente es la que realiza el trabajo de nuestras emociones, nos lleva a ganar o a perder lo que pretendemos construir. Es en ella que realizamos las puertas para abrir lo que deseamos que entre en nuestra vida o cerrar lo que no deseamos, pero también están los muros de protección y sustento de nuestras ideas y formaciones, es allí donde ponemos las ventanas para contemplar lo hermoso de la vida, o las tormentas que vemos por medio de ellas.

Es una responsabilidad de nosotros a diario mientras que vivamos, de poner lo mejor a nuestra casa interior, nunca retirarnos o rendirnos en medio de la vida.

Por eso nuestra casa debe estar bien formada y establecida, sobre la simiente de Dios, que es la que va proteger nuestro hogar, para vivir en la comodidad de sus bendiciones, sabiendo estar bien edificados en su palabra que es la base de la vida.

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación.

Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más.

El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacia. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente.

Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera. Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido amigo —dijo-. Es un regalo para ti”.

Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Reflexión: A veces construimos nuestras vidas de manera distraída, sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces, de repente, vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Sí lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

Palabras de Jesucristo. Porque, ¿quién de vosotros, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla?

No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: «Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar.» (Lucas 14:28-30)

Tiempo de Pensar. Donde esta lo que construyes, esta ahí tu corazón, tu fortaleza y tus Cimientos, para bien o para mal en tu vida.

Oración. Oh Eterno DIOS. Ayúdame a construir sobre tus Cimientos, que son la base de nuestra formación , sabiendo entender tu palabra, quien es la que edificará y dará valores a nuestro ser interior, llenos de muros de protección y puertas de bendición, las cuales observare por las ventanas de la vida. Amén.

Compartir:

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on telegram
Share on whatsapp

Deja un comentario