Gritó de auxilio a Dios

Salmo 5: 1-3.

Oh Señor, óyeme cuando oro; presta atención a mi gemido. Escucha mi grito de auxilio, mi Rey y mi Dios, porque sólo a ti dirijo mi oración. Señor, escucha mi voz por la mañana; cada mañana llevo a ti mis peticiones y quedo a la espera.

Tiempo de meditación

Cuando nos vemos en medio de una tormenta o a punto de ahogarnos en un problema, nuestro desespero nos alienta a pedir un grito de auxilio. Recuerdo la historia de dos ranitas que las echaron en un vaso con agua a cada una. dice así:

A dos ranitas las echaron a cada una en un vaso con agua; ellas se miraban entre sí por la trasparencia del vaso. Una le gritaba a la otra. !!Auxilio nos vamos ahogar, como vamos a poder salir de aquí !!; más la otra vio así arriba y observo una gran salida, que era la boca del vaso, entonces empezó a moverse y moverse sin quitar la mirada arriba, el agua empezó hacer unas grandes olas hasta que ella tumbó el vaso y el agua se derramó y la ranita se salió salva. En cambio la otra no hizo si no quejarse y dejarse ahogar por si sola, ya que solo pedía ayuda a la otra y no miraba hacia arriba para encontrar la salida y hace lo mismo.

Tiempo de reflexión.

En ocaciones la vida nos presenta el mismo ejemplo; nos estamos ahogando en un vaso de agua con los problemas; más has lo mismo de la ranita, mira hacia arriba donde está Dios, te aseguro que si lo haces, el agua que son la representación de la vida , producirá unas olas que se moverán aquí en la tierra, por medio de nuestra oración; para que podamos ser rescatados y encontraremos la salvación a nuestro problema. El Señor será quien nos dará las fuerzas necesarias para podernos mover ante las circunstancias y nos librará de no ahogarnos en medio de la tormenta.

Recuerdan la historia de Jonás , cuando se lo trago el gran pez; cual fue sue arma de salvación?. Te la presento:

Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el interior del pez y dijo: En mi gran aflicción clamé al Señor y él me respondió. Desde la tierra de los muertos te llamé, ¡y tú, Señor, me escuchaste!. Me arrojaste a las profundidades del mar y me hundí en el corazón del océano. Las poderosas aguas me envolvieron; tus salvajes y tempestuosas olas me cubrieron. Entonces dije: “Oh Señor, me has expulsado de tu presencia; aun así volveré a mirar hacia tu santo templo”. Jonás 2:1 -4.

Tiempo para actuar.

El mirar a el Santo templo de Dios es poder reconocer su soberanía sobre nosotros, para obedecerle y ser agradecidos por todo lo que hace en nuestra vida; de esa manera por medio de la oración y la alabanza seremos rescatados de las adversidades y conflictos que enfrentamos, en este gran pez que es tipificado en el mundo en que vivimos, qué hay veces nos ahogamos en el. Sigue leyendo la historia de Jonás:

Me hundí bajo las olas y las aguas se cerraron sobre mí; las algas se enredaban en mi cabeza. Me hundí hasta las raíces de las montañas. Me quedé preso en la tierra, cuyas puertas se cierran para siempre. Pero tú, oh Señor mi Dios, ¡me arrebataste de las garras de la muerte!. Cuando la vida se me escapaba, recordé al Señor. Elevé mi oración sincera hacia ti en tu santo templo. Los que rinden culto a dioses falsos le dan la espalda a todas las misericordias de Dios. Pero yo te ofreceré sacrificios con cantos de alabanza, y cumpliré todas mis promesas. Pues mi salvación viene solo del Señor. Entonces el Señor ordenó al pez escupir a Jonás sobre la playa. Jonás 2:5-10.

No pidas tú ayuda a las demás personas, para que no te ocurra lo mismo de la segunda ranita de la historia. Toma la actitud de la primera que vio que arriba estaba la salida; este es el gran secreto de poder entender que de Dios viene nuestro auxilio.

Me oíste cuando clamé: «¡Escucha mi ruego! ¡Oye mi grito de socorro!». Así fue, cuando llamé tú viniste; me dijiste: «No tengas miedo».¡Señor, tú eres mi abogado! ¡Defiende mi caso! Pues has redimido mi vida. Lamentaciones 3:56 – 58.

Tiempo de pensar

Oh te ahogas tú mismo en este mundo, o levantas la cabeza a Dios y cumple con tus promesas para ser salvado. !!Tú decides!!.

Oración.

Hoy miro al cielo y observo tu grandeza, levanto mi clamor de auxilio al Eterno del cual vendrá mi socorro. Por esto estaré confiado que ÉL me rescatarás ante cualquier circunstancia, dándome su salvación. Amén.

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