COMPETITIVIDAD INFRAHUMANAS DE INFERIORIDAD

Cuando miras con envidia hacia el poder, te crees que solo tú lograras a ser mejor que los demás. Mas no te das cuenta que; para poder sobresalir y vencer, necesitas de un equipo que te ayude.

El adjetivo infrahumano alude a lo que resulta inferior a lo considerado como propio el ser humano. Hoy en día el sentido de la competencia en nuestros días está presente en la mayoría de las personas que forman nuestra sociedad. Las personas quieren tener éxito y compiten a toda costa para conseguirlo. Es el sentir del más fuerte, del mejor, del que se abre paso siempre ganando, del que tenga la mejor prenda de vestir, del que este usando la ultima tecnología. Pero esta lucha no siempre es limpia, en igualdad de condiciones, a menudo este sentido de la competitividad tan arraigado en el ser humano le conduce a extremos poco sensitibles para conseguir el preciado bienestar.

»El avestruz agita sus alas con ostentación pero estas no pueden competir con el plumaje de la cigüeña. Job 39:13

La competividad no quiero decir que en ocaciones es mala, ya que un atleta se forma y se capacita para competir para poder ganar la carrera, de igual manera en algunas compañías desarrollan productos cada día mejores que otros. No hablo de esa competividad; si no de aquella que conlleva a la persona a estar insatisfecha de lo que tiene, cuando ve más lo de lo que han logrado los demás y ella no lo ha podido alcanzar, su corazón se llena de desesperación a obtenerlo, no importando la causas que conlleve logralo. La búsqueda de la fama, conlleva a la persona a querer ser mejor que otros; los celos y las envidias, forman en gran parte este círculo visioso de querer conpetir desesperadamente, la cual conlleva a la persona a querer satisfacer sus deseos basada en apariencias externas y ahí veces infrahumanas.

¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y marchita la vegetación de todo el campo? Por la maldad de los que moran en ella han sido destruidos los animales y las aves, porque han dicho: Dios no verá nuestro fin. Si corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo, pues, vas a competir con los caballos? (Jeremías 12:4-5A)

La competitividad se trata de un rasgo negativo de la personalidad a pesar de que algunas veces nos pueda dar buenos resultados su utilización. Por una parte la competitividad nos estimula a esforzarnos más pero por otra parte desaprovecha las habilidades y crea una actitud de no cooperación hacia el entorno que te rodea y piensas que solo tu puedes lógralo sin ayuda.

En un bosque cerca de la ciudad vivían dos vagabundos. Uno era ciego y otro cojo; durante el día entero en la ciudad competían el uno con el otro. Pero una noche sus chozas se incendiaron porque todo el bosque ardió. El ciego podía escapar, pero no podía ver hacia donde correr, no podía ver hacia donde todavía no se había extendido el fuego. El cojo podía ver que aún existía la posibilidad de escapar, pero no podía salir corriendo – el fuego era demasiado rápido, salvaje- , así pues, lo único que podía ver con seguridad era que se acercaba el momento de la muerte. Los dos se dieron cuenta que se necesitaban el uno al otro. El cojo tuvo una repentina claridad: “el otro hombre, el ciego, puede correr, y yo puedo ver”. Olvidaron toda su competitividad. En estos momentos críticos en los cuales ambos se enfrentaron a la muerte, necesariamente se olvidaron de toda estúpida enemistad, crearon una gran síntesis; se pusieron de acuerdo en que el hombre ciego cargaría al cojo sobre sus hombros y así funcionarían como un solo hombre, el cojo puede ver, y el ciego puede correr. Así salvaron sus vidas. Y por salvarse naturalmente la vida, se hicieron amigos; dejaron su antagonismo.

No dejes que tu mente se cargue ante la competencia infrahumanas, afectando tu corazón. Descansa en la volutad de Dios y sabrás sacarle provecho a la debilidades de otros, para aprender de ellos y poder escapar en los momentos críticos de tu vida, que te llevarán a salir adelante.

No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. (Mateo 20:26-28).

Sin pensar se compite y te destrozas. Pero el mejor jugador del mundo, desarrolla primero la jugada en su mente y piensa, para después ejecutarla con eficiencia.

ORACIÓN

Señor Padre Eterno. No permitas que mi corazón se llene de envidia para competir a ser el mejor. Dame la sabiduria para lograr los objetivos, que Tú has puesto en mi ser, para obtenerlos con honestidad, integridad y transparencia, que es la forma de lograr el verdadero éxito de la vida. Amén.

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