
Así como el rostro se refleja en el agua, el corazón refleja a la persona tal como es.
Tiempo de meditación. El corazón de la persona es el más puro reflejo de su vida. El té muestra tu estado de ánimo, o tus emociones; más de igual manera te refleja tus ambiciones, como así tú humildad. Hay personas que ponen el corazón en todo lo que hacen. Las delata el brillo de sus ojos, el color de su sonrisa y la intención vestida de amor en cada uno de sus actos. Son esas que siempre aparecen para arroparte cuando ni siquiera te has dado cuenta de que temblabas de frío, las que te proponen un trueque de risas por tristezas y las que siempre están dispuestas a ayudarte a cambiar de color los días nublados.
Tiempo de meditación. La grandeza de las personas está dibujada en su corazones, en su capacidad para darse a los demás a través de actos de bondad con la única intención de hacerles más felices. Porque no hay nada más grande ni que reconforte tanto que ayudar.
Así son las buenas personas. Las delata la bondad como signo de superioridad y la paciencia como estrategia para comprender a los demás. No presionan, no gritan ni fuerzan, todo lo contrario. Saben interpretar silencios, respetar tiempos y ejercer como sostén cuando alguien lo necesita.
Tiempo para actuar. Las buenas personas desprenden calma y una sensación de bienestar tan solo con su presencia. Además, tienen una afición secreta que pocas veces desvelan: observar el brillo que desprenden los ojos de quienes han conectado con la felicidad. La compasión es otro signo delator de las personas de gran corazón. Ser capaces de ponerse en el lugar de los demás, desear que estén libres de sufrimiento y sentir la responsabilidad de hacer algo por ellos son algunos de los maravillosas actos que las identifican.
Son personas que se nutren del amor, pero entendido este desde su concepto más amplio, ese que se otorga de manera desinteresada. Sin esperar nada a cambio y sintiendo a su vez el bienestar más absoluto.
Palabras de Dios. Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros.
Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros.
Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo.
Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios.
Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos;
y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo. (1 Juan 4:12-17).
Tiempo de pensar. Nosotros sólo somos, lo que dejamos en el corazón de los demás.
Oración. Señor. Ayúdame a poder desarrollar un corazón sincero, lleno de amor, compasión y bondad; para aprender a sembrar semillas de bienestar en mi vida. Amén.