Libertad o esclavo

La libertad o esclavitud

En la vida sufrimos de ataduras que nos limitan en ocaciones a poder vivir una vida en paz y libre. En muchas ocaciones nos llevan a estar cautivos en el pecado, o de ser oprimidos por las circunstancias, o vivir esclavos en lo que nos rodea. sintiéndonos atados o esposados ante las adversidades, que nos permiten avanza hacia un buen bienestar.

Esta experiencia nos impide caminar a los propósitos que queremos alcanzar, ya que al sentirnos amarrados, nuestra limitaciones nos obstruyen el poder avanzar libremente.

Un habitante de un pequeño pueblo descubrió un día que sus manos estaban aprisionadas por unas esposas. Cómo llegó a estar esposado es algo que carece de importancia. Tal vez lo esposó un policía, quizás su mujer, tal vez era esa la costumbre en aquella época. Lo importante es que de pronto se dio cuenta de que no podía utilizar libremente sus manos, de que estaba prisionero.

Durante algún tiempo forcejeó con las esposas y la cadena que las unía intentando liberarse.

Trató de sacar las manos de aquellos aros metálicos, pero todo lo que logró fueron magulladuras y heridas. Vencido y desesperado salió a las calles en busca de alguien que pudiese liberarlo. Aunque la mayoría de los que encontró le dieron consejos y algunos incluso intentaron soltarle las manos, sus esfuerzos sólo generaron mayores heridas, agravando su dolor, su pena y su aflicción. Muy pronto sus muñecas estuvieron tan inflamadas y ensangrentadas que dejó de pedir ayuda, aunque no podía soportar el constante dolor, ni tampoco su esclavitud.

Recorrió las calles desesperado hasta que, al pasar frente a la fragua de un herrero, observó cómo éste forjaba a martillazos una barra de hierro al rojo. Se detuvo un momento en la puerta mirando. Tal vez aquel hombre podría…

Cuando el herrero terminó el trabajo que estaba haciendo, levantó la vista y viendo sus esposas le dijo: «Ven amigo, yo puedo liberarte». Siguiendo sus instrucciones, el infortunado colocó las manos a ambos lados del yunque, quedando la cadena sobre él.

De un solo golpe, la cadena quedó partida. Dos golpes más y las esposas cayeron al suelo. Estaba libre, libre para caminar hacia el sol y el cielo abierto, libre para hacer todas las cosas que quisiera hacer. Podrá parecer extraño que nuestro hombre decidiese permanecer en aquella herrería, junto al carbón y al ruido. Sin embargo, eso es lo que hizo. Se quedó contemplando a su libertador. sintió hacia él una profunda reverencia y en su interior nació un enorme deseo de servir al hombre que lo había liberado tan fácilmente. Pensó que su misión era permanecer allí y trabajar. Así lo hizo, y se convirtió en un simple ayudante.

Reflexión. Cuando ponemos estas cadena al gran herrero que es DIOS, el nos libera de nuestras ataduras, quedando tan agradecidos de El, que le decidimos servir y trabajar en su obra.

Palabras de Jesucristo. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre.

Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. (Juan 8:34-36).

Tiempo de Pensar. Libérate de lo que te cautiva y siéntete libre para volar a tus propósitos.

Oración. Rompe oh DIOS toda atadura que no me permite avanzar, para sentirme libre y en paz, para llevar mis caminos en bendiciones de prosperidad. Amén

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