La luz de Dios

Proverbios 238
La luz del Señor penetra el espíritu humano y pone al descubierto cada intención oculta.

Tiempo de meditación. Cuando el reflejo de la Luz entra en la oscuridad, está pone todo lo que está oculto a la vista. Ahora si meditamos en en proverbio de hoy podemos observar que Dios es una luz, la cual está radiando en las personas a través de su Espíritu, está trae el propósito de descubrir las intenciones ocultas de pecado que cada ser tiene, con la intención de que seamos capaces de reconocer la maldad que existe oculta en nosotros, con el fin de limpiar y de hacer ver la verdad que ocultamos.

Tiempo de reflexión. No hay nada oculto que Dios tarde o temprano revele. Este dicho es muy cierto, cuando una persona trata de ocultar el pecado que existe en su vida, está se expone a dos cosas. La primera es reconocer el pecado y pedirle a Dios perdón, arrepintiéndose de corazón. Y la segunda es que si no se arrepiente, cuando la luz de Dios le refleje su interior, caerá en vergüenza y será expuesto a otros, donde caerá bajo humillación.

Tiempo para actuar. Deja ya de ocultar el pecado, haciéndote pasar de hipócrita ante los demás, acaso no sabes que el Espíritu de Dios escudriña lo más profundo de tu corazón, si crees que puedes pasar desapercibido de tus intenciones pecaminosas, estás equivocado por que el reflejo de Dios tarde o temprano la expondrá a la luz, dejándote ver que su amor por ti es para que puedas enmendar lo malo que existe dentro de ti. Más solo tú tomas la decisión, o te arrepientes o serás humillado en su presencia.

Palabras de Dios. Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era fariseo, y el otro era un despreciado cobrador de impuestos.
El fariseo, de pie, apartado de los demás, hizo la siguiente oración: “Te agradezco, Dios, que no soy un pecador como todos los demás. Pues no engaño, no peco y no cometo adulterio. ¡Para nada soy como ese cobrador de impuestos!
Ayuno dos veces a la semana y te doy el diezmo de mis ingresos”.
»En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh, Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”.
Les digo que fue este pecador —y no el fariseo— quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados». (Lucas 18:10-14).

Tiempo de pensar. Cuando nos humillamos delante la presencia de Dios pidiendo perdón por nuestros pecados, la luz del Señor se reflejará en nuestra vida, para exaltar nuestro espíritu afligido.

Oración. Señor Dios Padre. Te pido perdón por mis pecados ocultos, sabiendo que ellos fueron expuestos en mi interior por tu luz, para poder reconocerlos y humillarme ante tu presencia para arrepentirme de corazón. Amén.

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