Fortalecidos en Dios

Promesa 57. Fortalecido en Dios.
Oh Señor, tú has oído el deseo de los humildes; tú fortalecerás su corazón e inclinarás tu oído. para vindicar al huérfano y al afligido. Salmos 10:17-18A.

Tiempo de meditación. Hay ocasiones en la vida en que la desilusión, el agotamiento y la desesperanza se apoderan de nosotros. Sentimos una pesada carga que no nos deja seguir hacia adelante, poniéndonos un peso en la vida. Cada uno de nosotros conoce de estos momentos, momentos en que nos sentimos sin fuerzas para enfrentar los problemas. Son momentos en los cuales podemos decir como el salmista:
“Han tendido una red para mis pasos; mi alma está abatida” salmo 57-6.A
Oh como el profeta Elías sentarnos bajo el enebro y decirle el Señor: ” basta ya, oh Dios, quítame la vida”.
Nuestro sufrimiento a llegado a un límite de angustia, lleno de experiencias emocionales, que aflige los más interno de nuestro ser . Es ahí donde necesitamos ser fortalecidos para llenar nuestra vida espiritual y poder sentir la ayuda que proviene De Dios.

Tiempo de reflexión. Por esto en los momentos débiles de angustia y tristeza , es necesario tomar una herramienta excepcional que es la oración, de poder entrar en la intimidad con el gran Dios, poderle hablar de nuestras necesidades, con entendimiento de lo que expresamos, para que pueda fortalecer nuestra vida espiritualmente y la paz gobierne nuestras emociones en todos los sentidos.
¿Acaso no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra no se fatiga ni se cansa. Su entendimiento es inescrutable.
El da fuerzas al fatigado, y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.
Aun los mancebos se fatigan y se cansan, y los jóvenes tropiezan y vacilan, pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. Isaías 40:28-31.

Tiempo para actuar. Una vez Cristo se convierte en nuestro objetivo y meta, en nuestro amigo y defensor, seremos capaces de reconocer lo valiosos que somos a los ojos de Dios en términos de amor y gracia:
“A fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.” Efesios 3:17-18.
Arraigarse es enraizarse, aferrarse con fuerza a la tierra inamovible del amor de Dios para resistir los vientos huracanados de la tentación y la prueba que puedan sobrevenirnos. Cimentarse es lograr estabilidad y resistencia en el terreno rocoso del amor de Cristo en el que edificamos quiénes somos y qué creemos. Considerando el amor puro y santo, el amor agape que ama a pesar de los pesares y que se entrega sin esperar nada a cambio, como la raíz y el cimiento de nuestras vidas. Comprendiendo espiritualmente el alcance incalculable del amor de Dios por nosotros.
Con nuestra mente cimentada en las cosas de este mundo, las cuales pasan y se derrumban más temprano que tarde, no podemos entender el sacrificio de Cristo en la cruz, y mucho menos podremos ser fortalecidos ante las crisis que nos acogotan. Sin embargo, al dejarnos ser fortalecidos y guiados por el poder del Espíritu Santo día tras día, tendremos la aptitud maravillosa de desentrañar lo valiosísimos que somos para con Dios.

Tiempo de pensar. Ser fortalecidos en el Señor, aliviará toda angustia y todo trago amargo, que nos pueda estar afectando.

Oración: concédeme oh Dios ser fortalecido por tu Palabra , que traerá paz a mi alma angustiada, sabiendo que tú me darás el descanso de poder aceptar tu voluntad. Amén.

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