
Oré al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores. Salmos 34:4.
Tiempo de meditación. Una de las batallas más grandes en los seres humanos es cuando nos encontramos con los gigantes problemas que nos causan temores. Ahora si definimos que es un gigante, veremos que se refiere a una persona o de cualquier elemento en especial como excesivo y sobre saliente en su línea, este se le refiere como gigantesco. De mucho mayor que lo considerado como lo normal. Algo que se caracteriza por su enorme tamaño y o exageración de estatura.
Cuando vemos algo grande lo relacionamos como gigantesco, es muy probable que el asombro de observarlo nos cause impacto y en ocaciones nos pueda atemorizar.
Tiempo de reflexión. El gran libro habla una historia donde un gigante tenía atemorizado a todo un pueblo, llevándolo al miedo y al desespero de cómo combatirlo.
Entonces de los ejércitos de los filisteos salió un campeón llamado Goliat, de Gat, cuya altura era de seis codos y un palmo.
Tenía un yelmo de bronce sobre la cabeza y llevaba una cota de malla, y el peso de la cota era de cinco mil siclos de bronce.
Tenía también grebas de bronce en las piernas y una jabalina de bronce colgada entre los hombros.
El asta de su lanza era como un rodillo de telar y la punta de su lanza pesaba seiscientos siclos de hierro; y su escudero iba delante de él.
Y Goliat se paró y gritó a las filas de Israel, diciéndoles: ¿Para qué habéis salido a poneros en orden de batalla? ¿Acaso no soy yo filisteo y vosotros siervos de Saúl? Escogeos un hombre y que venga contra mí. 1 Samuel 17:4-8.
Pero el problema era cómo lo estaban viendo, ya que su tamaño era la causa de impacto y de miedo, que tenía acorralado a todo un ejército. Solo bastó con un hombre joven y pequeño de estatura, pero con una mirada celestial, que con mucha fe podría vencer ese problema, ya que el estaba seguro que al Dios que le servía era más grande y fuerte; este hombre pastor de ovejas, que tenía un corazón gigantesco en Fe, tendría la valentía y la osadía de poder enfrentar a este guerrero, el estaba confiando y seguro que Dios le daría la victoria. Solo bastó con decir estas palabras para lanzar una piedra, que mataría al gigante.
Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado.
El Señor te entregará hoy en mis manos, y yo te derribaré y te cortaré la cabeza. Y daré hoy los cadáveres del ejército de los filisteos a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, para que toda la tierra sepa que hay Dios en Israel, y para que sepa toda esta asamblea que el Señor no libra ni con espada ni con lanza; porque la batalla es del Señor y El os entregará en nuestras manos. 1 Samuel 17:44-47.
Y con esa fe venció al gigante.
Tiempo para actuar. De igual manera en la vida hay gigantescos problemas que nos están atemorizando, llenándonos de miedos y preocupaciones, que en ocaciones nos limitan, dejándonos angustiados, sin saber cómo combatirlos ya que nos están llevando a desesperarnos y a la depresión a que nos podamos rendir ante ellos.
Pero te invito a que tengas la misma confianza de este pequeño hombre, saber poner a Dios ante tú adversidad, sabiendo que te dará la victoria a tú problema , para que actúes con fe, para poder vencer el gigante problema que te está afectando. Solo ríndete en su presencia en oración, El té dará la fortaleza que necesitas para poder derrotarlo y salir victorioso.
Tiempo de pensar. Por esto; No hay problema gigante, cuando lo observamos a través de los ojos de Dios y actuamos con fe.
Oración. Señor. Dame la fe Fe y la confianza con que pueda vencer el gigante que me está atemorizando y acobardando, sabiendo que tú lo derrotarás y me darás la victoria que necesitó, para salir triunfante. Amén.