TEME A DIOS Y VERÁS BENDICIONES EN TU VIDA

SALMO 25: 12-15

¿Quiénes son los que temen al Señor? . Él les mostrará el sendero que deben elegir. Vivirán en prosperidad, y sus hijos heredarán la tierra. El Señor es amigo de los que le temen; a ellos les enseña su pacto. Mis ojos están siempre puestos en el Señor, porque él me rescata de las trampas de mis enemigos.

Tiempo de meditación.

En el mundo que vivimos muchas personas se han olvidado de Dios, su afán es mas por conseguir los bienes y una forma de vivir, que por buscar una relación personal con el Creador. Mi señora me comento de una joven manicurista cubana , que le expresaba que ella de joven nunca escucho hablar de Dios, si no mas bien siempre fue que ella debía de temer al gobierno donde vivía, que su eslogan era !! Patria o vida¡¡. Más el temor a Dios solo lo aprendió cuando salió de ese país, que escucho hablar de como tener una relación personal con Él, y cambio su eslogan diciendo. !! Dios es vida¡¡. El temor de Dios, por su parte, es el nivel más alto de respeto que se demuestra con asombro y reverencia. Cuando El Gran Libro nos habla de temer a Dios, no es el temor de tener miedo, sino un acto de respeto hacia Dios, y de estar conscientes de Su presencia.

Tiempo de reflexión.

Como sabemos, el miedo puede ser una emoción tanto positiva como negativa. Un miedo saludable puede impedir que nos metamos en problemas y peligros. Esto es especialmente cierto cuando se trata del respeto y admiración que le debemos a Dios.

Esto es lo que Dios dice a toda la humanidad: “El temor del Señor es la verdadera sabiduría; apartarse del mal es el verdadero entendimiento”». Job 28:28

Sin embargo, hay también un tipo de miedo cobarde que limita a la gente de manera equivocada, y que es condenado en el Gran Libro. Ambos tipos de temor se encuentran profusamente en la Palabra de Dios, y es fundamental conocer las diferencias entre ellos para que desarrollemos el tipo adecuado y evitemos el que nos perjudica.

Al respecto Dios dijo: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. Apocalipsis 21:8,

Por tanto, es muy importante distinguir el temor de Dios del temor entorpecedor y paralizante que carece de fe. De hecho, Dios dice que si nos dejamos invadir por el miedo cobarde y falto de fe, aquel que nos hace eludir nuestras responsabilidades y deberes de creyentes, simplemente no seremos parte de su reino.

Tiempo para actuar.

Si aprendemos del temor del Eterno, podemos caminar con una gran amigo que nos ayudara a encontrar la salida a cualquier situación que estemos viviendo por fuerte que sea; El nos dará el entendimiento con el cual veremos como nuestra vida prosperará con sabiduría.

No dicen de corazón: “Vivamos con temor reverente ante el Señor nuestro Dios, porque nos da la lluvia cada primavera y otoño, asegurándonos una cosecha en el tiempo apropiado”. Jeremías 5:24.

Este tipo de temor reconoce cuán pequeños somos ante la infinita majestad de Dios y nos protege para que no tengamos más alta opinión de nosotros mismos que la que corresponde. También nos ayuda a ser considerados y no orgullosos hacia los demás, especialmente cuando hablamos de nuestra fe y creencias. El temor de Dios desarrolla en nosotros un intenso deseo de obedecerlo y complacerlo por sobre todas las cosas para evitar decepcionarlo, y también nos hace darnos cuenta de que tendremos que rendirle cuentas. Así, el temor divino es mucho más que un simple respeto por Dios; es mucho más profundo, porque está consciente de que habrá un día de juicio ante él.

En aquel día, él será tu cimiento seguro, y te proveerá de una abundante reserva de salvación, sabiduría y conocimiento; el temor del Señor será tu tesoro. Isaías 33:6 .

Tiempo de pensar.

¡Debemos esforzarnos por no perder nunca ese temor de Dios que nos ayuda a huir del pecado y sus mortales consecuencias!.

Oración

Señor. Hoy reconozco que Tú eres el Dios Sublime, el cual debo de adorar y honrar, mas sobre todo ser consciente del gran respecto que Tú mereces, siendo obediente a Tú palabra , por la cual debo de presentarme ante Ti con un temor reverente, para glorificar tu gran nombre. Amén.

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