UNA MENTE TRIUNFADORA

No hay derrotas, solo son aprendizajes para lograr la victoria. La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre. De ahi que, tu vales por lo que haces y no lo que dices que harás. Lo que importa es que tu luchas por lograrlo y no por lo que otros harán por ti.

La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio, necesitas seguir moviéndote. Cuando nos esforzamos en la vida a lograr una victoria en lo que estamos anhelando, sabiendo que llegamos a la meta que pretendíamos alcanzar, para ver en realidad nuestro objetivos; Es ahi que décimo hemos logrado un triunfo. Se denomina un triunfo para todas las personas que tienen metas grandes, pero que están enfrentando grandes retos para hacerlos realidad. El aprender a vencer nuestras debilidades y lograr superarlas esto se cuenta como un triunfo; muchas personas están rodeadas de grandes limitaciones, estas lo llevan a pensar que quizás no puedan lograr lo que se proponen; mas cuando toman la decisión de superar esos miedos y confrontar esas batallas de la mente, cambiando su manera de pensar; para ver los logros con optimismo, es considerado un triunfo en nuestro interior.

Que gritemos de alegría cuando escuchemos de tu triunfo y levantemos una bandera de victoria en el nombre de nuestro Dios. Que el Señor conteste a todas tus oraciones. SALMO 20:5

Cada victoria que enfrentamos en la vida y la logramos debemos de estar agradecidos de Dios por ellas, nuestros triunfos son realizados cuando verdaderamente le damos espacio a nuestro interior para lograr combatir dentro de nuestro ser con aquello que nos quiere derrotar, el prepararnos mentalmente y darle espacio a la Fe, es poder ver la victoria antes de conseguirla en nuestro corazón.

He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. 2 Timoteo 4:7.

De ahi que Jesucristo nos ha preparado para ser grandes triunfadores.

Así que, ¡gracias a Dios!, quien nos ha hecho sus cautivos y siempre nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo. Ahora nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume. Nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios, pero esta fragancia se percibe de una manera diferente por los que se salvan y los que se pierden. 2 Corintios 2:14-15.

Nuestro gran triunfo es poder alcanzar el premio que Dios tiene reservado para aquellos que ganan la batalla de la vida, este debe ser nuestro mayor anhelo y el de ser constantes en el camino de la salvación.

Cada vez que vencemos nuestras limitaciones, es donde podemos alcanzar las victorias, y estas nos demuestras primeramente que dentro de nuestra vida existe dos clases de hombres: El valiente que toma la decisiones de afrontar las circunstancias. O el cobarde que se atemoriza ante ellas. Solo tu puedes decidir cual es tu forma de guerrear y en ti se encuentra la victoria o la derrota.

No aplastará la caña más débil ni apagará una vela que titila. Al final, hará que la justicia salga victoriosa.. Mateo 12:20.

Ahora el aprender a perder si lo vemos como formación, es aprender a luchar para ganar la victoria. Recuerda este pasaje del Gran Libro que hablo Dios a su pueblo.

Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos y veas caballos y carros, {y} pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos; porque el SEÑOR tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto está contigo. Deuteronomio 20:1-4.

No hay enemigo grande, cuando lo confrontamos unido con el Señor, ya que el sera el que peleara con nosotros y nos dará la victoria por la cual luchamos en alcanzar.

Si sabes aceptar una derrota aprenderás que la victoria está cerca. Tú mayor talento es mucho más poderoso que tu mayor miedo. No llenes tu cabeza con preocupaciones porque entonces no habrá espacio para otras cosas maravillosas.

OREMOS

Gracias Dios por que me enseñas por tu palabra a como ser un verdadero triunfador en la vida, sabiendo que tu me llevaras a las metas que tienes destinadas para mi, y así veré lo logros alcanzados, los cueles serán las metas obtenidas, para gritar de alegría cuando obtengamos el triunfo. Amén.

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