Buenos días, que la paz del Señor esté con cada uno de ustedes. Quiero orar contigo el Salmo 40. Señor, no me prives de tus tiernas misericordias, que tu amor inagotable y tu fidelidad siempre me protejan, pues me rodean las dificultades, son demasiadas para contar. Está la acumulación de mis pecados, que no puedo ver una salida, suman más que los cabellos de mi cabeza y he perdido toda mi valentía. Por favor, Señor, rescátame. Ven pronto, Señor, y ayúdame. Que los que tratan de destruirme sean humillados y avergonzados, que los que se deleitan en mis dificultades retrocedan con deshonra. Que su vergüenza los horrorice, porque dijeron: «Ajá, ahora sí lo atrapamos». Pero que todos los que te buscan se alegren y se gocen en ti, que los que aman tu salvación griten una y otra vez: «¡El Señor es grande!». En cuanto a mí, pobre y necesitado, que el Señor me tenga en sus pensamientos. Tú eres mi ayudador y mi salvador. Oh, Dios mío, no te demores. Amen.