El Velo Rasgado: El Misterio de la Muerte de Jesús.

¿Sabías que en el instante exacto en que Jesús murió, el cielo rompió la última barrera entre Dios y el hombre? En el templo de Jerusalén había un velo grueso, enorme, sagrado. Durante siglos separó al pueblo de la presencia de Dios. Solo un hombre, el sumo sacerdote, podía cruzarlo y solo una vez al año. Era la frontera entre lo humano y lo divino. Pero ese día, en la cruz, cuando Jesús exclamó: «Consumado es», algo imposible ocurrió. El velo se rasgó de arriba hacia abajo, como si dos manos invisibles lo hubieran partido desde el cielo. Y eso encierra tres misterios que cambian todo. Primer misterio: la separación terminó. Ya no hace falta un sacerdote que interceda por ti. Ya no hay barrera. La muerte de Jesús abrió un camino directo de ti al Padre. Segundo misterio: Dios cambió de casa. Dejó de habitar en un templo de piedra y comenzó a habitar en todo aquel que cree. Jesús no solo murió para salvarte, murió para acercarte. Y el tercer misterio es el más impactante de todos. El nuevo templo ya no está hecho de piedra, está hecho de corazones. La gloria que antes se escondía tras una cortina ahora habita dentro de ti. Por eso ya no buscas a Dios en un lugar, lo llevas contigo. Tú eres el lugar donde el cielo y la tierra se encuentran. El velo no se rompió por accidente, se rasgó por amor. Fue Dios mismo diciendo: «Ya nada nos separa». Si crees que hoy tienes acceso directo al Padre, escribe amén.

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