Lectura: Jueces 3:31; 5:6.
Hoy hablamos de Samgar, un hombre de la Biblia que enfrentó a seiscientos filisteos con una simple aguijada de bueyes. Aprendemos que no necesitamos tener mucho para hacer grandes cosas; Dios puede usar lo que ya tenemos en nuestras manos, por pequeño que parezca.
A veces pensamos que para hacer algo grande necesitamos tener grandes recursos.
Pero la Biblia cuenta la historia de un hombre que demuestra exactamente lo contrario.
Su nombre era Samgar.
La Escritura solamente le dedica un versículo principal.
Jueces 3:31.
No conocemos grandes discursos suyos.
No sabemos mucho acerca de su familia.
Ni siquiera tenemos una larga historia sobre su vida.
Pero sabemos algo extraordinario.
La Biblia dice que Samgar derrotó a seiscientos filisteos…
¿con una espada?
No.
¿Con un ejército?
Tampoco.
Los enfrentó con una aguijada de bueyes.
Una herramienta utilizada por los campesinos para dirigir a los animales.
Aquello que probablemente utilizaba todos los días en su trabajo terminó convirtiéndose en el instrumento de una gran victoria.
Y la Biblia termina diciendo:
“Y él también salvó a Israel.”
Samgar no esperaba tener el arma perfecta.
Usó lo que tenía.
Muchas personas pasan la vida diciendo:
“Cuando tenga más dinero…”
“Cuando tenga más oportunidades…”
“Cuando tenga mejores herramientas…”
“Entonces haré algo.”
Samgar nos enseña otra cosa.
La enseñanza que nos dejó Samgar:
No desprecies lo que Dios ya puso en tus manos.
Tal vez tú solamente ves una herramienta común.
Pero Dios puede ver un instrumento de propósito.
Moisés tenía una vara.
David tenía una honda.
Samgar tenía una aguijada.
La pregunta no siempre es:
“¿Qué me falta?”
A veces la verdadera pregunta es:
“¿Qué tengo en mis manos que todavía no he aprendido a usar?”